3/3/20

Reconocimiento facial, ¿qué precio estamos dispuestos a pagar por nuestra seguridad?

Estamos viviendo un tiempo en donde la tecnología avanza más rápido que la legislación que debe regularla, como es el caso del reconocimiento facial, esta tecnología se está asentando con facilidad, tanto en smartphones de última generación como en entidades bancarias, comercios o redes sociales. Incluso empresas automovilísticas están trabajando para incluirla, junto al reconocimiento de voz, en sus futuros vehículos. China fue la pionera en implantar en sus calles cámaras de vigilancia con tecnología biométrica capaces de realizar reconocimientos faciales a los transeúntes, pero no es el único país, tanto Reino Unido como EEUU están planteándose la posibilidad de instalar ese tipo cámaras también. 

Pero, hasta qué punto deja de ser vigilancia preventiva para convertirse en invasión de la privacidad. Carecemos de leyes que regulen lo que algunos ven como una intrusión en su vida privada por parte de los gobiernos. Si no quieres que te localicen por GPS puedes desconectar la función en tu móvil o la señal de wifi incluso, pero ¿cómo desconectar tu cara? Los reconocimientos faciales son datos biométricos que están expuestos en cada momento sin que seamos conscientes de ello puesto que las cámaras con tecnología biométrica no dan señales de estar rastreando datos.

Otra cuestión a tener en cuenta es ¿qué pasa con los datos registrados? La UE está planteando realizar una consulta pública sobre cómo desarrollar de forma segura la IA y debatir las excepciones en las que se podría permitir el reconocimiento facial.

La Comisión (CE) quiere que los europeos puedan confiar en la inteligencia artificial, un área compleja y que puede implicar riesgos significativos en ciertas áreas, por lo que habrá que dotarle de normas claras y más estrictas en lo que se refiere a la protección de los consumidores para lidiar con prácticas comerciales desleales y proteger los datos personales. Las autoridades deben poder comprobar y certificar los datos utilizados por los algoritmos, y es necesario contar con datos imparciales para garantizar el respeto de los derechos fundamentales, en particular la no discriminación. La CE recuerda que actualmente el reconocimiento facial a través de reconocimiento biométrico remoto está generalmente prohibido y solo puede utilizarse en casos excepcionales, debidamente justificado y proporcionados, sujetos a salvaguardas basadas en leyes de la UE o nacionales.

Para el desarrollo de esta tecnologia, Bruselas apunta a asociaciones entre el sector público y privado y crear los incentivos adecuados para incluir también a las pymes. Para que eso sea posible la CE tendrá que presentar el marco regulador adecuado sobre gestión, acceso y utilización de los datos entre empresas, empresas y administraciones públicas y entre administraciones, lo que implica crear incentivos para compartir información y establecer reglas prácticas de acuerdo a la protección de datos personales o las normas de competencia.




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